Lo que te choca te checa ¿o no? Cómo trabajar el "hater".
- mireillealatiel

- 29 may
- 8 min de lectura
Quien mueve al mundo no es aquel que obedece lo que ya está dicho; es aquel que cuestiona para descubrir algo diferente, quien duda y se deja guiar por su curiosidad.
Hace poco tuve un encuentro con tres personas que demandaban de mí un título en psicología. Como si no tuviera permiso de pensar en estas teorías, de experimentar el autoanálisis o de compartir lo que entiendo, lo que leo y lo que observo en otros. Un papel y cuatro años de estudio no otorgan el derecho único y exclusivo de hablar de la mente, de vivirla y de compartirla. Los grandes descubrimientos de la historia no iniciaron con un ser certificado, sino con un individuo que se cuestionó y se dio el tiempo de desarrollar un pensamiento crítico.
Llevo un año intentando cursar una maestría, pero aquí entran las objeciones burocráticas, personales y las limitantes ajenas que han convertido este proceso en una novela. La carrera que elegí a los 17 años —con mi corteza prefrontal aún sin madurar— fue Diseño Gráfico. En su momento me encantó; fue una gran oportunidad para desarrollar mi pensamiento creativo y de investigación. Antes de eso, la escuela no me gustaba, se me dificultaba enfocarme y, a veces, entender las explicaciones. Pero en la universidad me volví una fanática del estudio, de la lectura y de la investigación. Entendí que había un lenguaje que se me facilitaba, una forma de comprender temas complejos y simples desde una perspectiva que podía digerir, estructurar y crear.
Hoy, esa experiencia tan bella se ha convertido en una limitación legalista. Para crecer académicamente, las opciones son muy pocas y están encasilladas en una sola corriente tradicional.
Pero, ¿qué pasa si mi intención es integrar de forma multidisciplinaria áreas de estudio que para otros no tienen sentido en este momento, pero que responden a una necesidad social y profesional que el mundo exige?
—No existen investigadores diseñadores—, fue la frase que una maestra me dijo al escuchar mi frustración.
Volvemos al punto: personas sin pensamiento autónomo que viven bajo las etiquetas y los fundamentos de otros, sin desarrollar los propios, y que desde esa estrechez juzgan al resto. Si fuera un acto consciente, lo llamaría envidia; pero no lo es, es simplemente pensamiento lineal.
Entonces, ¿qué tanto son limitantes reales que no podemos controlar y qué tanto es nuestra propia proyección de sesgos en los demás?
Llegué a la conclusión de que será necesario invertir en una nueva aventura y estudiar Psicología, no por falta de capacidad, sino para darle la autoridad formal a mis análisis, filosofías y libros. Son las condiciones que exige mi entorno y yo soy parte de él. Pero el tema de hoy es compartir contigo mi proceso que ha ayudado a no renunciar a mis metas, seguir empujando para hacer lo que me gusta y de paso seguir haciendo introspección en pro de mi plenitud.
El mecanismo de defensa de proyección (lo que te choca te checa).
Para mí, entenderme ha sido la única forma de encontrar soluciones verdaderas para lograr el status quo que deseaba y el que estoy por construir.
El señor Freud descubrió que cuando nuestro Yo no puede aceptar un defecto, un deseo reprimido o un impulso propio (porque le genera culpa o lo despoja de su comodidad consciente), se lo atribuye a los demás. En otras palabras, se lo "achaca", invalidando o humillando al otro para no asumir su propia responsabilidad.
Para Jung, por otro lado, la sombra es el reflejo de lo que nuestro inconsciente oculta; cuando alguien nos irrita, por lo general, actúa como un espejo de esa propia sombra.
Los estoicos lo veían desde otra perspectiva: no nos afecta lo que sucede, sino los juicios que hacemos sobre lo que sucede. Corrientes mucho más modernas nos dicen que vemos el mundo externo según somos en nuestro mundo interno, y que el exterior solo muestra dónde nos hace falta trabajar el desapego y la compasión.
Incluso en la astrología, el concepto de "lo que te choca te checa" está proyectado matemáticamente. La Casa 1 representa cómo salimos al mundo y nuestra personalidad consciente, mientras que la Casa 7 (el descendente), su punto opuesto, representa a las personas que atraemos y las actitudes de socios o parejas que nos encantan o nos descolocan. Cuando dos planetas están a 180 grados, se produce una oposición: la persona tiende a identificarse con la energía de un planeta y a proyectar la del opuesto como un conflicto externo, hasta que aprende a integrarla.
Para un abusador, la proyección es la técnica ideal para generar gaslighting; una forma eficiente de desacreditarte e invalidarte.
Sin embargo, la proyección tiene límites y condiciones específicas. Existen posturas que requieren indignación y molestia legítima por tratarse de un maltrato, una injusticia o un abuso. ¿Pero cómo identificar la diferencia?
Tomemos como ejemplo la molestia de las tres personas que atacaron mi contenido, cuestionando mi autoridad por no ser psicóloga al hablar de crecimiento personal y brindar servicios de mentoría. Aquí podemos ver las dos posturas: la línea de lo que es un cuestionamiento válido y lo que es mera proyección.
Es comprensible la preocupación social por la salud mental y el riesgo de que una mentoría pretenda suplantar a la psicoterapia. Hasta ahí, el argumento tiene sentido. Pero donde se evidencia la proyección de su sombra es en la forma de expresar esa supuesta preocupación. Lo hacen mediante ataques en mis publicaciones, usando frases como: "¿Pero por qué hablas de esto si no eres psicóloga?", "Eres una charlatana" o "Los coaches no son profesionales, no están capacitados".
Esto es una proyección de su sombra porque habla directamente de su propia estructura mental; es un mecanismo de seguridad y orden neurótico. Al ver a alguien operar fuera de sus márgenes, se activa su propio miedo a la invalidez, proyectando su temor a no ser lo suficientemente capaces, valiosos o reconocidos.
La libertad es algo que choca con la mentalidad colectiva latinoamericana. Estamos tan entrenados y condicionados a cómo "debemos ser", que cualquier propuesta que no encaje en el concepto de lo oficialmente autorizado se percibe como una amenaza, activando una profunda disonancia cognitiva.
Después de este breve y conciso análisis, te dejo a ti la pregunta: ¿Era un reflejo de su propia sombra o realmente una preocupación social real?
No fuiste el espermatozoide más rápido
No fecunda al óvulo el espermatozoide más rápido. Muchos llegaron a la vez, pero fue el óvulo quien eligió, y no con base en la fuerza, sino a través de una compleja coreografía química y genética. Los elige por quimiotaxis (atracción por señales químicas), compatibilidad genética y sistema inmune.
Si comprendemos esto, entenderemos que la vida, desde su origen microscópico, no se trata de una competencia feroz donde el más fuerte aplasta al resto, ni de que el más "certificado" es el único con autoridad. Se trata de un baile de resonancia, reconocimiento y correspondencia.
Para construir la vida que cada uno anhela, el primer paso es reconocer que cada individuo transita su propia existencia a su propio ritmo y con su propio aroma único; el resto es pura atracción. Hacer esto evidente y entender tu química interna —lo cual incluye la participación activa de tus emociones y pensamientos— te brinda la evidencia científica e interna para crear y manifestar la identidad capaz de sostener ese estilo de vida.
La identidad
La identidad es un proceso de organización; es la herramienta definitiva de autodefinición.
A nivel biológico, la identidad es el reconocimiento de lo que es una amenaza y lo que no: nuestra inmunidad. Las células tienen una huella biológica, una firma de quiénes somos. Si un organismo extraño pasa con una firma que el sistema inmune no identifica, este lo ataca. En términos estrictamente biológicos, eso es la identidad.
En la química, aunque no se genera una identidad como tal, esta nos ayuda a establecer el tono y el filtro a través de los flujos hormonales, los neurotransmisores y la homeostasis. La química determina cómo nos percibimos, nuestros estados emocionales, y si estamos en un estado de alerta o de reposo, codificándolo como "normal" o no.
Para la neurociencia, la identidad se manifiesta en una red neuronal, un mapa de conectividad y neuroplasticidad. Para mí, esto representa la identidad neuronal: el registro literal de todas las conexiones que has utilizado a lo largo de tu vida. Nuestro cerebro predice quiénes somos hoy basándose en lo que hicimos ayer; es decir, en la repetición neuronal.
En términos psicológicos, la identidad es la historia interna que nos contamos sobre nosotros mismos. Tomamos hechos dispersos de nuestra biografía y los unimos para darle sentido, propósito y coherencia a nuestra existencia en este mundo. Nos definimos por diferenciación, asimilación, roles, valores y límites culturales; una tensión constante entre nuestros impulsos internos y las demandas del entorno.
Si unimos estos pilares, obtenemos una fórmula:
Tus límites físicos / tu tono emocional de los límites + tu mapa de predicción = tu historia consciente.
En otras palabras: Observar tu genética, escuchar a tu cuerpo entre reconocer y gestionar tus emociones más tus hábitos, experiencias, formas de resolver y decisiones es igual a la consciencia.
La identidad no es fija. La química de nuestro cuerpo cambia y existe la neuroplasticidad para crear nuevos canales y conexiones neuronales; puedes trabajar en tu Yo, pero si no lo conoces, no puedes cambiarlo.
Ahora que entiendes esto, volvamos a la premisa de que "lo que te choca te checa". Ya podemos descifrar desde dónde surge el hater, o la frustración de ir al trabajo y lidiar con ese compañero castroso, tóxico o incluso incompetente. Sí, eres tú quien está creando su realidad, pero el primer paso para tomar el autoliderazgo es conocer tu propio diseño.
Si quieres traer esta fórmula a la consciencia, nos vemos en mis sesiones de mentoría para desarrollar tu identidad: esa marca genética expresada hoy en un ser, en un líder de su propia vida.
¿Cómo trabajar lo que te choca?
En la mayoría de nuestros entornos ya no existe la esclavitud física, pero hoy nos enfrentamos a un fenómeno sociológico y psicológico más perverso: el individuo ya no es explotado por un agente externo, sino que se explota a sí mismo de manera voluntaria. Es como si la voz de ese antiguo capataz se hubiera introyectado en nuestra mente de forma permanente.
La autoexigencia nos tiene agotados; la productividad se ha convertido en una droga altamente adictiva y el ego vive en una búsqueda constante de su propio éxito.
Desarrollamos la creencia de que cada minuto de nuestra vida debe ser útil, optimizado o monetizado. Glorificamos el sacrificio laboral por encima de nuestra salud y de nuestras relaciones. Nos convertimos a nosotros mismos en mercancía: el empleado del mes, la mujer fitness, el emprendedor indestructible. Y, por supuesto, al adoptar estos estándares, compramos más argumentos para enjuiciar al otro cuando no cumple con la misma norma.
Nos programaron para creer que tenemos que competir, ser los mejores, perfectos o impecables para ser "elegidos" por el mercado o por el entorno. Sin embargo, como ya vimos a nivel biológico con el óvulo y el esperma, nuestro valor no es un estándar absoluto de fuerza o velocidad, sino una cuestión de identidad, resonancia y compatibilidad. No atraes por ser el mejor en una escala genética o académica; atraes por quién estás siendo, por tu aroma químico único, tus valores y la coherencia de tu identidad.
No se trata de imitar a otros; se trata de emitir tu propia señal con la mayor claridad posible.
Al final, nuestra realidad no tiene por qué ser una lucha eterna de poder, competencia o autoexplotación. Puede ser un ejercicio de identidad compartida: un baile de resonancia entre lo que tú emites y lo que tu entorno está listo para recibir.
Si ya estás listo para darle la vuelta a la frustración que te causa ese compañero que ya no soportas, o si quieres descodificar desde otra perspectiva las críticas que recibes en tus redes sociales, deja de explotarte buscando aprobación externa. Adquiere el workbook "Lo que te choca te checa" y empieza a hackear tu propio diseño.
Gracias por leerme y crecer junto a mí.












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